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En el Plan Regional de Carreteras de 1992 ya se contemplaba la necesidad de que las actuaciones desarrolladas en materia de seguridad vial sobre el factor «infraestructura» o sobre el factor «vehículo» fueran acompañadas por esfuerzos para modificar las conductas peligrosas en el factor «usuario». Ya se había tomado conciencia de la importancia de inculcar al ciudadano en su implicación en la seguridad vial, haciéndole partícipe activo del problema, como receptor de sus consecuencias.
Este planteamiento multidisciplinar responde a una concepción del problema de la seguridad vial como un problema social, una lacra de la sociedad moderna que debe combatirse como tal, por lo que es necesario un esfuerzo conjunto entre todos los sectores implicados.
Desde esta perspectiva , la aprobación de esta Estrategia propone la realización de un esfuerzo conjunto en favor de la seguridad de la circulación, extendiendo el ámbito de actuación a otros campos relacionados, distintos del de la infraestructura. Es, en definitiva , la consecuencia de entender la seguridad vial como algo más que la mera actuación correctora de tramos de concentración de accidentes.
Al superar esta visión centrada en la infraestructura se dan cabida, de inmediato, a acciones educativas –tan importantes en esta materia en aras de la prevención del accidente–, sanitarias, ambientales, etc.
El diseño de la Estrategia para la Seguridad Vial en Castilla y León se ha basado en el cumplimiento de los tres siguientes requisitos:
La experiencia internacional ha demostrado que establecer objetivos dentro de una estrategia de seguridad vial proporciona mayores probabilidades de éxito, siempre y cuando sean ambiciosos, estén diseñados a largo plazo y estén cuantificados.
Paralelamente al establecimiento de objetivos, es necesario adoptar un procedimiento de medida del nivel de seguridad de la red de carreteras, de manera que se pueda realizar un seguimiento de las medidas implantadas y conocer el grado de cumplimiento de los objetivos planteados.
Considerar exclusivamente el número de accidentes o víctimas como indicador del nivel de seguridad de una red de carreteras constituye un planteamiento que conduce a errores porque:
Para superar los errores que se han expuesto anteriormente, se propone basar la Estrategia para la Seguridad Vial en Castilla y León en el establecimiento de unos indicadores de seguridad vial, directamente relacionados con la accidentalidad y fácilmente medibles, de manera que el seguimiento de los valores de estos indicadores permita conocer la evolución del nivel de seguridad de la red de carreteras.
La relación entre un indicador de seguridad vial y la accidentalidad puede ser causal (por ejemplo, el consumo de alcohol por parte de los conductores provoca más accidentes), o puede tratarse de una relación entre indicador y consecuencias de la accidentalidad (por ejemplo, no utilizar el casco no provoca más accidentes, pero agrava notablemente sus consecuencias, en caso de que se produzcan).
La importancia de un indicador de seguridad vial viene dada por lo estrecha que sea la relación entre dicho indicador y el número de accidentes que se producen o la gravedad de sus consecuencias y por la facilidad para medir esa relación.
La repercusión que un cambio en el valor de un indicador provoca sobre los niveles de accidentalidad es lo que se conoce como «riesgo atribuido» al indicador y debe servir para medir su importancia.
La utilización de indicadores de seguridad vial, junto con las cifras de accidentalidad, permite detectar problemas antes de que éstos deriven en accidentes. El control de estos indicadores permite, así mismo, conocer los procesos que desencadenan los accidentes.